Sony Rolly, análisis

Sony Rolly

El Sony Rolly es el juguete tecnológico que más repercusión ha tenido en este último año, gracias a su curiosa forma de huevo y a incluir música, baile y lucecitas en un todo-en-uno robótico enfocado al público infantil y juvenil.

El huevo bailarín incorpora 2 GB de memoria interna, puede funcionar como altavoz Bluetooth para que le mandes tu música desde el móvil o el ordenador e incorpora el software Rolly Choreographer, con el que podrás, aparte de transferirle tus canciones preferidas, programar sus pasos de baile, escoger combinaciones varias con las luces de colores y, si no quieres perder mucho tiempo con el asunto, activar el modo autocoreografía y hacer que el Sony Rolly analice la onda de la canción y baile en consecuencia.

En Gizmos hemos tenido la oportunidad de ponerle las manos encima y jugar un buen rato con él. En esta entrada vamos a analizar el Sony Rolly y a exponer nuestras conclusiones.

Para empezar, tenemos que tener en cuenta que el Sony Rolly es, ante todo, un juguete. Un juguete técnicamente complejo, caro, pero un juguete. Lo primero que nos hemos preguntado al probar por primera vez el Rolly es: ¿cómo un producto así ha logrado salir de Japón? A primera vista parece que no sirve para nada más que para distraer a un crío durante media horita, pero a medida que vas probando sus funcionalidades, entendemos porque causa tanto furor.

Empezaremos por el audio. La única argumentación que hace Sony para defender los posibles usos que puede tener un producto tan caro como es el Rolly, aparte de bailotear, es la de que es un reproductor MP3. El Sony Rolly incorpora 2 GB de memoria interna y reproduce solamente MP3, ATRAC y ACC, pero suena de maravilla. Al conectarlo por primera vez y reproducir algunas de las canciones que trae por defecto, nos hemos quedado realmente sorprendidos de la calidad de audio que consigue lanzar un aparato tan pequeño. Sin duda la potencia y claridad del Sony Rolly es capaz de llenar de sonido una habitación grande sin problemas, se oye fuerte y claro y al contrario de lo que muchos puedan pensar, tiene unos graves más que suficientes.

Sony Rolly Conectado

Seguiremos con su función más aclamada: el baile. El Rolly es gracioso, muy gracioso. Creo que más que nada nos asombra la capacidad que tiene un aparato tan pequeño y con una forma no muy orgánica (no imita ningún animal como los peluches y demás) de expresar emociones junto con la música. Supongo que podríamos referirnos a sus movimientos y a su forma como sexy. Pero no sexy en la connotación habitual, sexy de la misma forma que un Ferrari es sexy, para entendernos.

El Rolly tiene dos ruedas que son la única parte que tiene contacto con el suelo, y giran en ambos sentidos independientemente. Esto lo hace capaz de girar sobre si mismo y de realizar todos los pasos de baile encima de una superficie relativamente pequeña sin que tengas que preocuparte demasiado de que se caiga. Además, los dos extremos del huevo también giran independientemente sobre si mismos e incorporan las tapas de los altavoces, que se abren y cierran. La combinación de los 6 elementos, y sus movimientos independientes, hacen que el baile del Sony Rolly pueda ser algo espectacular. Es cuando se contornea delante tuyo y llena la habitación de música cuando te das cuenta de que no es un juguete cualquiera, es realmente de gama alta.

Una de las funcionalidades que me han parecido más usables a la larga, después de que ya te hayas cansado de jugar con él, es la de recibir el audio mediante Bluetooth. La conexión del Sony Rolly con el móvil se realiza de forma sencilla, y en menos de un minuto ya lo tienes funcionando como altavoces Bluetooth para tu teléfono.

Sony Rolly Choreographer

En cuanto al software que incorpora, el Rolly Choreographer, sirve tanto para organizar la música dentro del reproductor en diferentes grupos, como para programar el baile del pequeñín de forma independiente para cada canción. El editor de coreografías no es más que una línea del tiempo como la que nos encontramos en en cualquier programa de edición de vídeo o de audio. En la parte superior tenemos la forma de onda completa de la canción y abajo tenemos los diferentes movimientos posibles del Rolly, separados por partes. Las dos ruedas, los dos extremos, las dos tapas y los colores de los LEDs.

¿Es fácil programar una coreografía? Para nada. Si realmente quieres conseguir un resultado como el de las canciones de muestra, deberás dedicarle unas cuantas horas. Por suerte, el mismo editor incorpora una vista tridimensional del Rolly, para que puedas ver cómo se mueve acorde con la música en cada momento, pero aún así requiere práctica, paciencia y horas. Y si te cansas, activas la función de autocoreografía, y el Rolly analizará la canción por si mismo y creará una coreografía automática, como la que os mostramos en el siguiente vídeo. La música la hizo un servidor en diez minutos, en un burdo intento de observar la reacción del Rolly ante los cambios bruscos de audio (bastante inexistente al final), y de evitar demandas por el uso de música con copyright, que no está el horno para bollos.

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Y esto es todo. Hacerlo bailar, usarlo como altavoces, adorarlo, y poco más. ¿Nos gusta? Nos encanta, es una pasada. ¿Nos lo compraríamos? Nunca. Evidentemente cada cual es libre de hacer lo que quiera con su dinero y me se más de un crío que sería feliz de poder ponerle las manos encima a esta maravilla de 400 euros, y que incluso sería capaz de hacer lo que nosotros no hemos conseguido, programar una coreografía como Dios manda, pero como adultos nos parece prescindible. Y es curioso, porque de la cantidad de cacharros de los que hablamos en Gizmos, que vemos, que tocamos, es quizás el primero que, personalmente, me ha provocado fascinación y me ha tenido tiempo largo observándolo mientras alucinaba con él mientras que por otro lado nunca consideraría comprármelo.

Cosas de la tecnología, supongo.

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